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lunes, 17 de junio de 2013
Tarde de baño.
Estoy sentado al borde de nuestra cama, intentando escribir el más bello poema de amor que pueda salir de mis deseos, tranquilo. Te imagino entrando en mi alcoba después de un baño, envuelta en una toalla blanca que considero mi enemiga, una toalla que odio por segundos. Te observo cuando te paras frente al espejo y sacudes tu pelo. Seco de mi espalda las gotas de agua que llegan hasta mí. Te volteas y con ese gesto provocativo que conoces, que sabes que me altera y despierta mis intentos de hombre en celo, dejas caer la felpa blanca a la que hace un rato declaré la guerra a muerte. Desnuda te acercas y sin decir una palabra, tus manos empiezan a retozar con mi cintura, cierro los ojos y escucho como cae mi pantalón al piso, como desaparece mi camisa, entonces son tus labios los que siento en mi pecho, suave me torturan, tu lengua juega a las escondidas en mi ombligo, y me dejo llevar por esa piel que tanto anhelo.
Se convierte mi cuarto en un santuario de tu cuerpo, no sé de donde una melodía llega a nuestros oídos, una melodía que me impulsa a besarte, ahora soy yo quien te domina, quien pone tus piernas en el lugar preciso donde las requiero, y pierdo mi boca en ese punto
exacto donde gimes, tus manos juegan con mi pelo. Yo alimento mis instintos entre tus piernas, tu piel huele a baño y cremas, a deseo. La melodía que hasta nosotros llega no se detiene. Tampoco mi boca entre tus piernas. Ni las caricias de tus dedos en mi pelo.
Te desprendes y sales corriendo al pasillo central de nuestra casa. Te persigo, no sé a dónde vas pero quiero alcanzarte. Abres la puerta que da al balcón con vista a la playa. Es tarde en la noche, nadie puede vernos, en una silla de extensión dejas caer tu cuerpo desnudo y húmedo, de espaldas a mi me provocas, se que quieres sentir como te penetro bajo la luz de las estrellas.
Acepto el reto, la pobre silla de playa sostiene el peso de nuestros cuerpos desnudos, chirrean sus tornillos por culpa de nuestro movimiento, beso tu nuca y aparto el pelo de tu espalda para contemplarte completa, me encantas, tu vientre salta de deseo, aprieto tu cintura con mis dos manos mientras te acerco y te alejo de toda esta entrega que te regalo penetrándote.
Una luz que se enciende nos sorprende, ilumina tus senos. Al parecer un vecino fue despertado por la algarabía que traemos en la terraza. Sonríes, te excitas y entonces comienzas a gemir. Subes el volumen de tus alaridos para provocar el insomnio del vecino. Con una de mis manos intento tapar tus gritos. No lo consigo. Se me ocurre una idea, la llevo a la práctica. Cambio la posición de nuestros cuerpos, ahora estoy sentado yo en la silla y tú arrodillada frente a mí, tienes la boca ocupada, ya no gritas, ahora saboreas mi instinto de hombre.
Te revelas contra mi intensión de callarte poniéndote de pie, recuestas tu cuerpo a la baranda del balcón, el torso de tu cuerpo esta descubierto a la arena, cualquiera puede verte, se que te excitas. Me pides que vuelva a entrar en ti. Obedezco. Tan solo de tocar con mi musculo excitado tu entrepierna siento como corren en tus muslos todos tus deseos, no aguanto y dejo también que corran los míos, mis piernas laten. Tus piernas tiemblan. Nos dejamos caer en el piso del balcón, exhaustos.
Estoy sentado a la orilla de mi cama y me descubro imaginándote, estoy solo, tú me
faltas. Y solo me pregunto, ¿cuándo haré realidad esta forma de tenerte?>
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